Los menos favorecidos y las ayudas populistas

Los menos favorecidos y las ayudas populistas

Hay problemáticas graves que nos incumben a todos, y una de ellas el estado y el bienestar social de los menos favorecidos, particularmente, las personas mayores, los jubilados y los discapacitados, que están sintiendo los efectos de una crisis en su día a día. Este sector de la población tiene que ser considerado de manera prioritaria cuando se hable de implementar ayudas económicas. 

Y no hablamos de jóvenes productivos que deciden quedarse en casa sin trabajar, motivados por los excesos en esas “ayudas” de peligroso perfil populista que les hacen decidir, literalmente, vivir sin trabajar. Nos referimos a personas que por su edad o condiciones de salud no pueden ya ser parte de la fuerza laboral y necesitan realmente  esa ayuda para temas tan elementales como la alimentación, las rentas, la calefacción y, en sentido general, todo lo que dignifica la vida.

No debe olvidarse que, de acuerdo con el derecho internacional —y con los principios de las organizaciones honestas y transparentes que velan por los derechos humanos, todas las personas, incluidos los ancianos, los discapacitados, los de ingresos precarios y los residentes de las residencias para ancianos, tienen derecho al más alto nivel posible de salud y a obtener una reparación eficaz en caso de que sus derechos se vean cercenados. 

Las leyes internacionales y la Constitución de Estados Unidos reconoce a las personas mayores la facultad de gozar de protección frente a abusos, malos tratos y desatención. Quienes prioricen los presupuestos para financiar otros intereses, no deben pasar por alto que estas personas son votantes… Olvidarlos se reflejará eventualmente en las urnas.

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