La alarmante crisis en Nicaragua

La alarmante crisis en Nicaragua

Los desmanes de la dictadura Ortega- Murillo en Nicaragua están más fuera de control que nunca antes. Las detenciones de candidatos de la oposición no cesan, las protestas populares se han prohibido o son acalladas con violencia, los partidos políticos opositores son desautorizados y el país avanza indefectiblemente a una dictadura brutal.

Para muchos analistas, las medidas agresivas de Ortega y el avance de la izquierda extremista en Latinoamérica es el resultado de la percepción de reblandecimiento en la política exterior estadounidense con la Administración Biden.  

Ortega ha acusado a la opositora Cristiana Chamorro de lavado de dinero, poniéndola bajo arresto domiciliario. Arturo Cruz, otro candidato de la oposición, alegadamente por “conspirar contra la sociedad nicaragüense”, mientras que tres aspirantes están confinados en sus casas sin ninguna explicación. El totalismo está imponiéndose en Managua.

Usando como ejemplo, durante la represión de 2018  más de 320 personas fueron asesinadas por el gobierno de Ortega, en lo que se considera la peor ola de violencia política en América Latina en tres décadas. A eso siguió la recesión económica y la imposición de  leyes que permiten detener o descalificar a cualquier crítico del gobierno.

La agrupación Ciudadanos por la Libertad es la única alternativa opositora sobreviviente en este momento. Según reporta el NY Times,

analistas políticos indican que “un candidato serio de Ciudadanos por la Libertad tendría buenas oportunidades de movilizar al grueso de los votantes nicaragüenses que no apoyan al gobierno y presentar una amenaza electoral de importancia al partido gobernante”.

Ante eso, Ortega ha amenazado con prohibir a cualquier candidato que no cumpla con las “leyes” que criminalizan la disidencia política.

De esa manera, cualquier candidato que represente una amenaza para Ortega sería descalificado.

La situación de Nicaragua, Perú y Colombia presenta otro desafío para la gestión del gobierno de Biden, en Estados Unidos, que se muestra tibio y con dudosa capacidad para poner freno al autoritarismo socialista en Latinoamérica. ¿Puede un viaje de la VP Kamala Harris ser un inicio de solución? Lo dudamos.

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