Invertir para el futuro

Invertir para el futuro

Planificarse financieramente para el resto de la vida es algo en lo que muchos nos ponemos a pensar cuando llegamos a los 30. Hasta ese momento solemos vivir al día, darnos gustos sin pensar en la factura, comprometernos con préstamos que “tenemos toda la vida” por delante para pagar… Ya sabes de qué hablamos. Sin que eso signifique dejar de disfrutar, te ha llegado en la tercera década el momento de organizarte y, si llega el caso, “apretar el cinturón”. 

Aunque parezca prematuro, debes mirar a futuro e imaginar cómo deseas que sea tu retiro, llegado el momento. Estudia las alternativas de pensión que tienes en tu país y con tu empleador, y saca provecho de ellas. Aporta lo que toque y, si puedes, llega más lejos y pon un extra de manera voluntaria. 

Siempre ten en cuenta alejarte de las deudas. Probablemente ya las tengas, pero el plan va por eliminarlas, no por adquirir otras nuevas  con las tasas de interés, las moras, los reportes negativos en tu crédito. Resiste las tentaciones de líneas de crédito, tarjetas y esos rollos.

Esta es también la marca en el terreno para que aprendas de qué se tratan y qué beneficios te darán las inversiones, ya sea en acciones, bonos del gobierno o las puramente de riesgo personal, como los bienes raíces. En este último capítulo, siempre considerarás como primera opción la compra de una casa o un departamento. Eso está bien, pero antes de hacerlo, revisa cómo está la economía del país, los intereses sobre el préstamo, los planes de preconstrucción (suelen ser los más atractivos), cuán sólido es tu empleo o lucrativa tu profesión y “perseguir” esos momentos en que puedas comprar en buenas condiciones una segunda, tercera o más propiedades, que puedas alquilar para que “se paguen solas” y, eventualmente, venderlas para capitalizar. No olvides armarte con la coraza para tiempos difíciles que pueden ser los seguros. Desde los que protejan tus propiedades, hasta un seguro de vida para cubrir a tu familia.

Veamos ahora los territorios de inversión, si cuantas ya con un capital.

— La inversión en una empresa propia.

Si tienes madera —y olfato— de emprendedor, empieza por observar por dónde van las tendencias. Siempre las empresas que se encuentren en tu área de experiencia, son las más recomendables (aquí se incluyen los influencers, cada uno en su campo). Visualízate como un consultor, entrenador o alguien que transmite sus conocimientos. De nuevo, los bienes raíces saltan a la palestra porque el tema es tan simple como alquilar o rentar tus espacios y sacar beneficios sólidos. Si eres un aguzado especialista en el universo digital, el cielo es el límite. 

— El mercado de inversiones 

Esta es otra alternativa, siempre que identifiques los instrumentos menos volátiles. La estabilidad es aquí clave. No obstante, incluye en tu portafolio algún instrumento de riesgo, porque son los que más dividendos pueden dar. Digamos que la proporción debe ser nel 20% de inversiones de riesgo y 80% de opciones seguras para colocar en ellas tu dinero.

— Mercado financiero

El otro espacio te lo da el mercado financiero. Este tiene la ventaja del acceso a tu dinero en caso necesario, aun si no ha producido plusvalía. El tema aquí es que a poco riesgo, menos rendimiento, así que deber invertir sumas fuertes. Consulta con los especialistas de tu banco cómo crear certificados en instituciones diferentes y con tiempos de “congelamiento” (en los que no puedes sacar dinero sin penalidad).

Siempre hay espacio para ser creativos y estas son solo algunas ideas generadas por la experiencia. Lo importante es que te crees consciencia de que hay que actuar ahora, porque la vida anda de prisa y, más pronto de lo que imaginas, vas a estar disfrutando de un buen retiro… Si te preparas a tiempo.

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