El PESO DEL ESTRÉS

El PESO DEL ESTRÉS

Denominada tambien en términos médicos como estado de ansiedad el estrés está provocado por una situación externa o pensamiento que crea un desequilibrio emocional.

Consecuencia de ello es que la personal se sienta frustrada, furiosa o ansiosa, sensaciones generadas por el deseo de huir de la situación que lo provoca o querer confrontarla violentamente.

Se considera que el estrés en bajos niveles es positivo puesto que incentiva a la persona para realizar tareas productivas. Nuestra vida y el entorno que nos rodea se encuentra siempre en constante cambio, lo que nos exige un esfuerzo para adaptarnos, y ese bajo nivel de estrés procura mantenernos en alerta y disponernos a nuevas situaciones.

Sin embargo, cuando el nivel de estrés es alto se produce la alteración psicológica del individuo que sentirá no poder afrontar los cambios que se están produciendo en su alrededor, hasta el punto que él mismo percibirá que es rechazado, no solo de parte de las personas sino también de sí mismo.

Ello conducirá a cambios fisiológicos que pueden llegar a ser importantes y necesitar cuidados médicos. En una situación de estrés, el cerebro activa la secreción de hormonas en la glándula suprarrenal, las cuales inician una reacción en cadena en el organismo que hace que el corazón lata de una forma más rápida, se tengan temblores y suba la presión arterial.

Si el estado de estrés persiste se pueden crear problemas estomacales como úlcera o contraer arterias ya dañadas, con lo que se aumenta la presión y el consecuente peligro de contraer una angina o sufrir un paro cardíaco.

Psicológicamente, el estrés tiene varios síntomas que van desde la ansiedad, irritabilidad, confusión, miedo y alteraciones del estado de ánimo. La obsesión en los mismos pensamientos generan excesiva autocrítica, olvidos, miedo ante futuro, dificultades en la concentración y terror al fracaso.

Reacciones impulsivas, en las que se llora o se rie ante cualquier situación, trato brusco o violento hacia los demás, tics nerviosos,pérdida de apetito, y en su faceta más peligrosa puede conducir al tabaquismo, al alcoholismo y otras drogas, además de existir mayor riesgo de sufrir accidentes.

Antes de que llegue ese momento existen una serie de estrategias para evitar el estrés.

-Lo primero que tenemos que saber es que de vez en cuando nos merecemos un descanso, lo cual supone una actividad relajante o un viaje a otro lugar, que nos permita desconectar completamente areas rutinarias y diarias que llevamos a cabo.O bien realizar ejercicios de relajación y respiración.

-Mantener una dieta saludable que se combine adecuadamente fruta, verdura, pescados y carnes blancas.

-Realizar ejercicio con regularidad. No es necesario que nos propongamos grandes retos en un gimnasio, basta con caminar cierto tiempo todos los días, nadar o simplemente realizar las tareas cotidianas del hogar.

-Organizar el tiempo de cada día, suprimiendo las actividades menor importancia y escogiendo aquellas que considera que son realmente que tiene que realizar.

-Se debe ser realista a la hora de y a los demás, de tal forma que no se exija demasiado a si mismo y tampoco de las espere demasiado de los demás.

Aunque a veces cuesta y pensemos que nuestros problemas no interesan a nadie, debemos buscar a una persona de confianza para poder expresar nuestras emociones y reír y llorar con ella si lo consideramos necesario.

Aunque parezcan pequeños esfuerzos inservibles, si se llevan a cabo todos los días pronto verá los resultados.

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